Es un verdadero honor que una persona tan especial realice una crítica del nuevo álbum de Subtónica. Hace unas semanas le pedí que escribiera unas líneas al respecto a un gran melómano, filólogo y educador social: Antonio Bueno. De pluma precisa y altísima sensibilidad, en todos los sentidos. Gracias maestro.


Portada SUBTÓNICA "si a lo que nos divide le restamos importancia, el producto final será siempre positivo"Fruto de una necesidad vital. Habría que preguntarle al autor pero este álbum parece eso. Todo el proyecto Subtónica lo parece en realidad. Su nombre ya lo avanza: el de la banda y en lo arriesgadísimo de este segundo larga duración. Desarrollando lo que apuntaba en “La Guerra Que Respiro”, Javier Estévez -alma máter, corazón y cabeza de Subtónica- compone, escribe y factura el álbum que le apetece, el que le sale de las entrañas, el que sus vivencias le piden y la sociedad en la que vive le obliga moralmente a hacer. Un ejercicio de libérrima sinceridad en el que Estévez no se pone de perfil: señala, apunta con el dedo, su rabia tiene un destinatario: las injusticias sociales y la clase política que las hace posibles. Una clase política que sale muy mal parada, destinataria del análisis de la realidad que contienen canciones como “Misantropía”, “Polarizándonos”, “La Ciencia que se nos va” o “Dictador M” (cuya letra me recordó al Estévez letrista de Estirpe) entre otras. Pero cuidado, todxs somos de alguna manera cómplices por permitirlo. No pretende Estévez-Subtónica adoctrinar, pero tampoco es el pregonero que habla por boca de otrxs o el juglar que se limita a narrar lo que ocurre: hace una llamada a cambiar las cosas, a denunciarlas, a tener opinión propia… a pensar.

La realidad es tan nítida que quien no quiera verla tiene un problema y él pone negro sobre blanco y corchea tras corchea, con formas magistrales, contenidos que nos atropellan en el día a día, aunque también hay un espacio para concesiones más personales como la intimista “No Me Acostumbro“ o la autobiográfica “Cada Segundo Vale Tanto”. Llama la atención la utilización de la primera persona del plural de la que hace uso en tres de los títulos de este cd, fruto de esa complicidad que quiere establecer con el público, ese feedback que quiere lograr de la contraparte y que creo consigue acertadamente.

Con un ejercicio musical diferente, que admite pocas comparaciones con referentes actuales, conforma un disco que puede resultar poco accesible en la primera escucha pero que desde esta misma crea necesidad para realizar segundas y sucesivas audiciones más sosegadas. Desde las cadencias hipnóticas de “Misantropía” o las sugerentes bases rítmicas de “Polarizándonos”, con sugerentes coros en ambas, a unas guitarras más potentes en “La Ciencia Que Se Nos Va” o “Benditas las Heridas”, pasando por el susurrar de “No Me Acostumbro” o el in crescendo de “Será más fácil”, los efectos vocales de “Dictador M” o la apoteosis sonora de “Víctimas y Estrellas”. Fruto del bagaje de toda una vida en la música y no de un intento de buscar un sonido determinado, se pueden apreciar reminiscencias de The Beatles o del mejor Brit-pop de los 90 en “Benditas las Heridas”, samplers que pueden recordar a los Depeche Mode menos comerciales o alguna guitarra que bien podría haber formado parte de un riff de rock duro de los 70 en “La Ciencia Que Se Nos Va” . Un disco donde cada música tiene la letra apropiada y a la inversa, algo que no suele ocurrir sin sonar forzado: nada sobra, nada está de relleno. En todo caso el resultado final es un honesto y personal ejercicio ecléctico que hace que Subtónica suene a… Subtónica.

Antonio BuenoUn álbum, pues, muy poéticamente social en el contenido y muy personal en las formas, que no dejará a nadie indiferente y que debería escucharse, macerarse y hacernos restar importancia a lo que nos divide para obtener siempre un producto final positivo.

Antonio Bueno. Dic’ 16