Como muchos sabéis, este apartado lo uso para comentar, en la medida que el tiempo me lo permite, y a modo de BLOG, cuestiones relacionadas con mis actividades musicales. Esta vez, y porque la ocasión lo merece, me haré eco de una crítica muy especial del disco “La Guerra que Respiro”. Hace unos meses, a un amigo que había comprado el disco de Subtónica le dije: “Diego, me encantaría que me hicieras una crítica en detalle del disco, sé que estás muy liado pero sería un gran honor saber en profundidad tu opinión”. Él es melómano y muy abierto en sus preferencias musicales: desde Queen a Leonard Cohen o desde Pink Floyd a David Bowie. Diego no es crítico musical, es licenciado en Filología Hispánica y experto en textos, documentos e intervención cultural. En 2011 fue galardonado con el premio “Feliciano Delgado al buen uso del español” y actualmente está realizando su Tesis Doctoral en Zaragoza. Dicho lo cuál, saber su opinión global sobre las canciones de este EP y en especial lo que a la lírica se refiere, es para mi una información de gran valor, a la vez que un privilegio y gran honor. Mi profunda gratitud desde aquí a Diego Bejerano por dedicarme tiempo para escribir estas líneas sobre Subtónica y “La Gerra Que Respiro”. Espero que os guste.


LA GUERRA QUE RESPIRO por Diego Bejarano

Subtónica es un proyecto musical de reciente creación con el que el polifacético y versátil artista Javier Estévez ‒que aquí se encarga de las voces, la batería y la composición íntegra de todos los temas‒ ha encontrado el cauce perfecto para la expresión de sus inquietudes y su creatividad. Avalado por una larga trayectoria musical, ha dado a luz un EP fruto de la experiencia, gestado con tiempo y dedicación, que se revela como una interesantísima prolongación de su forma de entender el mundo.

La Guerra Que Respiro

En el marco de la Asociación Española de Investigación Artística y Performativa, y de la mano de dos músicos de la talla de Curro Martín y Javier López, a las guitarras y el bajo respectivamente, nace una música libre de etiquetas, una música que, aun caracterizada por el mestizaje de varios estilos e influencias, huye de la filiación genérica preestablecida y se afana en encontrar su propia identidad incluso en senderos tan transitados como son el rock melódico o, según algunos han querido ver, el pop alternativo. Es esta voluntad indiscutible de alzarse como un proyecto original e independiente la que garantiza un resultado susceptible de gustar a todo el mundo, en el que cualquier persona con cierta sensibilidad estética puede verse reflejado si le concede una oportunidad.

Así, el primer álbum de Subtónica, significativamente titulado La guerra que respiro, está compuesto por cinco piezas que, ordenadas conceptualmente, reflejan con claridad una filosofía de vida y una actitud ante el mundo, en las que la lucha funciona como verdadero leitmotiv. Una lucha entendida en un sentido amplio, que abarca lo personal, lo social, lo político. La lucha desde dentro y la lucha hacia afuera; la lucha comprometida intelectualmente y la que nace de las entrañas. La lucha constante, en suma, la que se libra día a día y minuto a minuto, la que no se rinde ante las adversidades y la que hace girar el mundo que queda reflejado en La guerra que respiro.

De la labor de Javier Estévez como autor total de los cinco cortes que componen este álbum quisiera resaltar especialmente su trabajo como letrista, en el que lleva años demostrando su solvencia. Su estilo, de sugerente carácter lírico, rico en símbolos y en continua transición entre lo ambiguo y lo plurisignificativo, se presta a que cada oyente pueda encontrar su propia interpretación de cada uno de los temas, invitando siempre a una posterior relectura en la que apreciar nuevos matices. Es por ello que creo conveniente anotar que, a pesar de la existencia de ciertos patrones que parecen guiar su obra con total claridad ‒como la idea de «lucha constante» antes expuesta‒, una reseña como ésta sólo puede abordarse desde la expresión personal de lo que cada canción me haya inspirado, con independencia de que coincida con la intención original de su autor.

Cuando ya no importe

Nos adentramos en el EP, sin más preámbulos, con «Cuando ya no importe», un tema cuya cadencia, muy marcada por la batería y la línea vocal, va cautivándonos poco a poco hasta grabarse a fuego en nuestra cabeza. Con una capacidad de impacto inmediata, este tema probablemente sea el más directo y contundente del álbum y, por ello, una inmejorable puerta de entrada al universo de Subtónica. Curiosamente, considero que «Cuando ya no importe» es el más accesible de los temas desde un punto de vista musical y, a la vez, el más críptico desde una perspectiva literaria. El autor parece conjugar experiencias personales ‒la canción está escrita, no obstante, en primera persona, como todas las demás‒ con símbolos de marcado carácter público ‒«los ministros del olvido», «los presidentes de la oportunidad»‒, creando un curioso efecto por el cual tanto podría tratarse de la descripción de una relación personal en decadencia como de la denuncia de una situación sociopolítica lamentable ‒muy evocadores resultan, a este respecto, los versos que rezan «Cantamos tanto, tanto que se oyeron demasiadas voces…»: ¿Qué ocurre cuando se empodera la masa y el individuo queda eclipsado? ¿Se aprovechan los poderes fácticos de la desorganización del pueblo…?‒, cuando no, incluso, de ambas cosas a la vez. Lo que queda claro, en cualquier caso, es esa brillante idea que, casi como axioma universal, ya hemos vislumbrado en otras ocasiones ‒cabe señalar, como muestra, la extraordinaria canción de Héroes del silencio «La espuma de Venus»‒ y que Javier Estévez rescata aquí muy acertadamente: que, por gris que se torne la realidad, la ficción ‒sea ésta entendida como arte, como imaginación, como deseo… como cada uno lo prefiera‒ siempre será un refugio inexpugnable en el que ser feliz.

LlegaráMucho más directo en su mensaje, aunque delicado en su envoltorio formal, es «Llegará», tema en el que el protagonismo inicial de la voz va cediendo espacio de forma progresiva al resto de instrumentos hasta construir una atmósfera envolvente en la que uno desea dejarse llevar y perderse plácidamente. La canción ha sido elegida para la creación del primer videoclip del grupo, algo razonable si tenemos en cuenta que, en su lograda sencillez expositiva, es uno de los temas de más fuerte calado del álbum. Habla de esperanzas, de sueños futuros, de saber mirar al mañana sin olvidar los errores y aciertos del ayer. De usar el pasado como trampolín para tomar impulso y no como sofá en el que acomodarse, de aprender de lo que fuimos para lograr lo que seremos. Un tema que nos reta a afrontar la lucha interior con una mirada optimista, sana y llena de ilusión.

Hasta la pequeña muerteLlegamos al ecuador del EP con «Hasta la pequeña muerte», una pieza muy peculiar en la que se juega con las posibilidades de la voz ‒añadiendo ecos y otros efectos‒ y cuya parte instrumental llega a recordar, por momentos, a ciertas melodías orientales, aportando un toque exótico y creando una sensación de atractivo extrañamiento que nos insta a volver al tema una y otra vez. «La pequeña muerte» es la forma en que se suele llamar al momento inmediatamente posterior al orgasmo, ese espacio de tiempo en el que uno tiene la sensación de perder la conciencia, de desvanecerse, de acariciar la nada en un instante cercano a la trascendencia. Podemos imaginar, pues, lo que supone pedirle a alguien que te acompañe hasta la pequeña muerte. Esta canción ‒en la que el artista, en mi opinión, alcanza su mayor grado de desnudez emocional‒ funciona, por tanto, como la personalísima declaración de amor del que conoce sus propias virtudes ‒algunas de las cuales pueden resultar armas de doble filo: «Puede que el silencio sea la distancia perfecta, queda tanto por hacer…»‒, del que sabe qué herramientas tiene a su disposición para conquistar, para invitar a ese alguien –cuyo color es el azul, azul del cielo, azul del agua… y de los ojos que los reflejan‒ a levantar un imperio y compartir desde ahí la eternidad. Una maravilla.

Ahora quéEn clara continuidad musical con «Hasta la pequeña muerte» ‒es innegable la sólida coherencia con que los temas están dispuestos a lo largo del álbum‒ se presenta «Ahora qué», que comparte con aquélla cierto tono y atmósfera, y que presenta una de las líneas de guitarra más llamativas. El archipresente motivo de la lucha adquiere aquí un cariz decididamente político y la letra juega, a través de lo que en términos de la retórica tradicional llamaríamos una paradoja, a subvertir los conceptos ideológicos de izquierda y derecha ‒eterna dicotomía con la que siempre se ha intentado clasificar la compleja realidad de nuestro mundo‒. Así, el autor plantea la urgencia del cambio en una sociedad en la que «hay derecho en lo siniestro y en lo recto oscuridad», en la que se da más valor a la religión que a la cultura y en la que la ignorancia se abre paso sin tregua; sin perder de vista la desidia de un pueblo que, adormecido y autocomplaciente, ha aguantado mucho más de lo que debería. De este modo, «Ahora qué» se erige como un canto por nuestros derechos, como una invitación a no descuidar aquello que nos vino legado por los que lucharon antes que nosotros, quizá algo obvio en su declaración de intenciones, pero no por ello menos necesario.

Que nada sea lo mejorFinalmente, no puedo evitar, antes de hablar del último tema que integra La guerra que respiro, recordar una de las más célebres canciones de Joaquín Sabina, aquella que decía «Que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de bodas, que no se ponga la luna de miel…». Y es que aquella bellísima invitación a una vida próspera y llena de felicidad bien podría encontrar una continuación, en fondo, forma e intenciones, en «Que nada sea lo mejor» ‒título que viene a pedir, en otras palabras, que ojalá lo que venga mañana siempre mejore lo que sucedió ayer‒. Una coda magnífica ‒como también lo era la citada canción de Sabina en el excelente 19 días y 500 noches, por cierto‒ para un disco que es pura gasolina para emprender la lucha diaria con optimismo y vitalidad; un broche que sintetiza, en un par de sus versos, la esencia de todo el álbum: «Hay que estar tan convencidos como ayer, tan convencidos que luchar sea como una rutina de esta guerra que respiro». Esa es la clave de este proyecto y no hay mejor mensaje con el que poner punto y final a esta experiencia musical.

Ojalá nos encontremos sólo ante el primer paso de una fructífera carrera, porque este grupo aún tiene mucho que ofrecer. Larga vida a Subtónica.

 

Diego Bejarano